De mayor… astronauta

Aunque me especialicé en Interpretación en la carrera, los latidos rápidos del corazón, la boca seca, y sufrir la misma presión que un astronauta cuando atraviesa la capa de la atmósfera son motivos por los cuales intento eludir este tipo de trabajos. Muy a mi pesar, la interpretación está mucho mejor pagada que la traducción, así que de vez en cuando me armo de valor y me tomo una tila la noche anterior (para conciliar el sueño) y otra por la mañana para calmar los nervios antes de llegar al destino final.

La mayoría de las veces no es tan malo como lo pienso, y el mal trago se hace mucho más llevadero cuando conozco a las dos partes y veo lo amables que son. Pero ese pánico previo no me lo quita nadie. No me quiero ni imaginar lo que es una interpretación real en cabina, me conformo con las interpretaciones consecutivas o las de enlace. Esta vez se trataba de una reunión con comida de negocios. En muchas ocasiones parecía ser más una mediadora y/o relaciones públicas que intérprete. No sé si es solamente sensación mía, o por la cultura de una de las partes, pero al ser el único puente lingüístico de todo el grupo de personas, me sentía obligada a mantener el hilo de la conversación y evitar los silencios incómodos. Puede que esta labor no sea intrínsecamente mía pero dada las circunstancias lo más conveniente es tener una comida agradable. Imaginaros comer con gente desconocida y además no poder hablar con ellos. Es cierto también que cuando llegan los postres el ambiente es más distendido, ¡y no digamos ya en los chupitos!

Siempre se ha dicho que la segunda etapa del aprendizaje se hace trabajando. Te da la oportunidad de conocer gente de todas las partes del mundo, ver su forma de pensar, de relacionarse, sus inquietudes, sus miedos, sus confidencias (siempre cuentan algún secreto y te piden que no lo traduzcas). Mis dos clientes era chinos y españoles, y cuando la cultura de las dos partes son tan diferentes se hace latente lo distintos que son las personas de ambos países. También es una manera de conocerme a mí misma, las dos culturas tan distintas con las que convivo diariamente, y mis puntos débiles, aquellos en las que tengo que mejorar. Es tan enriquecedor que puede que abandone mis sueños de astronauta y me haga intérprete de mayor.

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